Hermanos y hermanas: Hoy, XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario, la Liturgia nos conduce a reflexionar en el final de la existencia, pero los que nos empeñamos en seguir al Señor, haciendo vida su Palabra, no debemos tener miedo ni angustia por la llegada de ese día, más bien esperanza y confianza en la misericordia del Señor. Por ello estamos invitados a no descorazonarnos, todo lo contrario, esperemos en Dios que nos salva una y otra vez.