Otro virus incluso más mortal
Aunque fueron creados perfectos, a imagen y semejanza de Dios,
desgraciadamente Adán y Eva escucharon la voz de la serpiente en
el Jardín del Edén y cedieron a sus tentaciones. A partir de entonces,
fueron infectados por el virus del pecado, que se alojó en la naturaleza
humana. Debido a esto, la primera pareja transmitió este mal a
sus descendientes. Por eso, el salmista declara milenios después de la
caída en el Edén: “Pues soy pecador de nacimiento, así es, desde el
momento en que me concibió mi madre” (Salmo 51:5).