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Mamá no siempre pudo resolverlo todo, arreglarlo todo, o solucionarlo todo.
Mamá no siempre utilizó los mejores métodos, ni fue siempre prudente, o capaz de decir lo que era necesario o justo.
Mamá no siempre hizo lo correcto, y no tomó siempre las mejores decisiones.
Mamá solo fue mamá… mi mamá. La que hizo las cosas lo mejor que pudo, porque aprendió a ser mamá siendo mamá, equivocándose e intentando nuevamente.
Mamá fue una hija de su tiempo, de su historia, de sus traumas, hija de su realidad.
Hoy quiero poner a un lado mi mochila de reclamos, recordar lo bonito, y agradecer. Agradecer tanto empeño, tanto esfuerzo, tanto amor.
Y por eso:
¡Estoy de tu lado Ma!
Mientras no concluyamos el proceso liberador de dejar ir, no seremos capaces de construir algo mejor...
“… Quienes hacen el ruido no te preguntan si quieres ser parte, solo te involucran. Ellos te gritan para que grites, te critican para que critiques, te protestan para que protestes, te ofenden para que ofendas, opinan sobre todo para que opines. Y así, casi sin darte cuenta ya eres parte de la corriente más ruidosa que puedas imaginar, y ni siquiera te das cuenta que ya no escuchas lo bonito.
Las aves siguen cantando pero nunca las oyes, las olas siguen golpeando la roca, pero la espuma que salta ahora te es molesta, la puesta de sol sigue siendo al oeste, pero siempre estás de espaldas. Lo bonito sigue siendo bonito pero no para ti, ahora eres parte del ruido y los ruidosos, otro intoxicado en una sociedad que se alimenta de la toxicidad.
Y Dios que nos tiene fe sigue hablando, insiste con su “silbo apacible” para decirnos que lo bonito nunca se fue, solo está oculto por tanto ruido.
—Juan —me dijo José aquella noche o quizás madrugada— el ruido no está vivo, el ruido solo depende de quienes lo emiten, por eso aprende a poner distancia de los ruidosos. Abandona el coro y comienza tu propia melodía, despierta Juan, despierta y presta atención...” (El Dreamer. Yosvany R. Garcia Corpas)
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