EspiritualMente

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By Yosvany R. Garcia CorpasReligion & SpiritualitySpirituality
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EspiritualMente episodes

  • Fotografía
    Y en un acto, quizás, de masoquismo sentimental, comencé a revisar mis fotos y me detuve en una de ellas, la mas especial, una que nadie ha visto, sólo yo…está vieja, no porque haya perdido sus colores, sino porque nunca fueron muy vivos. Fue uno de esos días raros en los que no puedes reír aunque quieras.
    Quisiera mostrarte esa foto pero no puedo, la tomé con mis ojos, enfoqué muy bien mi mirada y fotografié a mis padres. Luego tomé la foto y la guardé en ese lugar especial al que llamamos recuerdos.
    Y allí estaba yo, despidiéndome de mis viejos e intentando convencerlos de que los volvería a ver muy pronto. Que ingenuidad la mía, ellos me conocen, ellos hicieron de mi quien soy, ellos sabían que mi declaración optimista era sólo un intento por secar sus lágrimas.
    Entonces los abracé, con ese abrazo largo en el que te quieres fundir con la gente que amas. Ese abrazo en el que dices a gritos:
    –¡Vengan conmigo! ¡No quiero dejarlos, vengan por favor!
    Aunque si hubiese podido leer el abrazo de ellos, con toda certeza me estarían diciendo.
    –¿Qué haces hijo? No te vayas, tengo miedo de envejecer sin verte, de no ver crecer a mis nietos ¿Quién nos visitará en navidad? No te vayas, ya verás cómo nos arreglamos todos aquí.
    Me costaba mucho hablar y mantenerme fuerte, era casi imposible dominar mis sentimientos, y quizás por ello al abrir mi boca yo volvía con mi poco convincente consuelo al decirles:
    –Nos veremos pronto ma.
    Y ella, como para mimar a su hijo más pequeño, volvía a decirme:
    –Sí mijo, ve con Dios, todo va a estar bien, ya verás que nos vamos a ver muy pronto.
    Esa tarde, los vi subir al tren si saber siquiera si volvería a abrazarlos algún día. Les dije adiós, ese adiós que tiene sabor a último y que duele desde adentro. Y los miré mientras pude hasta que se perdieron dentro del oscuro vagón lleno de hollín y rostros poco entusiasmados. Esperé a que la estrepitosa máquina se perdiera en la distancia dejando sólo el sonido ronco de su gastado silbato…
    Han pasado los años y aquel día sigue ahí como a la vuelta de cada esquina. ¿Y yo?… yo aun me siento endeudado con mis viejos. No hablo de una mala deuda, no hablo de esas que pesan y molestan, es una deuda diferente, de esas que dan sentido y que me ayudan a estar enfocado.
    Hoy, de alguna manera trato de compensarlos…con algo de dinero cada mes, algunos regalos especiales, llamadas telefónicas y algunas fotos de los nietos…pero sé que no es suficiente, mi corazón sabe que le debo besos a mis viejos, les debo chistes, largas charlas de sobremesa, le debo al gusto de mama de acariciarme la cabeza y regañarme por mis imprudencias… le debo el derecho a mi viejo de demostrarme su experiencia con un consejo… sí, sé que les debo. Por ello, a pesar de la distancia, un mandamiento de la ley de Dios me sigue desafiando: Hijo, honra a tu padre y a tu madre.
    No quiero permitirme que el tiempo y la distancia hagan un abismo entre mis padres y yo. Por ello, cada día los pienso y me repito: el amor puede acortar cualquier distancia y cruzar cualquier frontera.
    (Hola Daniel... Yo también soy inmigrante. Yosvany R Garcia)
    3 min
  • Extranjero.

    – Mami ¡Mira lo que me regalaron! ¿Quiénes son ellos mami?

    Mi madre me miró con esa mezcla de tristeza y ternura con la que saben mirar las madres y me dijo:

    – Hijo, ellos son extranjeros.

    Desde entonces se convirtieron en mis héroes, mis modelos a seguir. ¡Oh Dios! ¿Por qué no me hiciste extranjero?

    Y comencé a buscarlos. Los podía mirar durante horas, pensarlos, soñar con sus vidas relajadas y abundantes. Y sí… yo definitivamente quería ser uno de ellos.

    Un día, mientras leía mi Biblia, un texto hizo sacudir mi cabeza. Generalmente, los textos difíciles de la Biblia tienen que ver con la Ley, la justificación por la Fe, la vida después de la muerte. Pero no fue mi caso, a mí me resultó incomprensible Deuteronomio 10,16-17: “Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni toma cohecho; que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido.”

    Justicia al huérfano y a la viuda lo entendía, pero… ¿Al extranjero? ¿Dándole pan y vestido? Pero no son los extranjeros los que necesitan esos cuidados especiales, –pensé– era yo quien no tenía ni lo uno ni lo otro. ¿Por qué Dios le hablaba así a los extranjeros que eran las personas más felices y realizadas del mundo? Estaba yo tan convencido que ni la Biblia me hizo cambiar de idea. Aún yo quería ser extranjero.

    (Yosvany R Garcia: Hola Daniel... Yo también soy inmigrante)

    3 min

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