En la antigua ciudad maya de Tikal, en Guatemala, los visitantes se ven rodeados de empinadas pirámides de piedra caliza, casi tan altas como la catedral de Notre Dame de París. Construidas sin la ayuda de bestias de carga, herramientas de metal o ruedas, estas grandiosas obras sirvieron a reyes y sacerdotes que gobernaron una de las ciudades-Estado más influyentes del reino maya, que se extendía desde la península de Yucatán, México, Guatemala, Belice, hasta partes de Honduras y El Salvador.