Un día, Estados Unidos decidió que el alcohol era su peor enemigo. Que el whisky, la cerveza y el vino no solo eran un vicio, sino una amenaza moral, social y hasta patriótica. Aquel 17 de diciembre de 1917, nació la Ley Seca, un experimento ambicioso que prometía orden, sobriedad y un país mejor. Lo que nadie anticipó fue que esa prohibición terminaría siendo una de las fiestas clandestinas más grandes de la historia.