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Los seres humanos estamos adictos a “merecer” ser los hijos e hijas amados, consecuencia del pecado original. Vivimos nuestra existencia obsesionados de probar que somos dignos de amor. Creemos que Dios solo nos amara hasta que seamos perfectos, cuando ya no nos equivoquemos, cuando ya no pequemos. Dios no nos ama porque somos buenos, nos ama porque Él es bueno.
Solo en Cristo podremos recuperar esa voz, la única voz que importa, la del Padre diciendo: Tu eres mi Hijo, mi Hija Amada, en ti me complazco. Yo soy tu creador. Yo he pronunciado tu nombre y te he dado la existencia. Yo te llevo tatuado en la palma de mis manos. Yo te amo.
By Padre Luis M Flores AlvaLos seres humanos estamos adictos a “merecer” ser los hijos e hijas amados, consecuencia del pecado original. Vivimos nuestra existencia obsesionados de probar que somos dignos de amor. Creemos que Dios solo nos amara hasta que seamos perfectos, cuando ya no nos equivoquemos, cuando ya no pequemos. Dios no nos ama porque somos buenos, nos ama porque Él es bueno.
Solo en Cristo podremos recuperar esa voz, la única voz que importa, la del Padre diciendo: Tu eres mi Hijo, mi Hija Amada, en ti me complazco. Yo soy tu creador. Yo he pronunciado tu nombre y te he dado la existencia. Yo te llevo tatuado en la palma de mis manos. Yo te amo.