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El Evangelio de hoy nos presenta una escena desconcertante.Jesús se acerca a Juan y le pide ser bautizado.El Santo entra en el agua de los pecadores.El Inocente se coloca en la fila de quienes necesitan conversión.
Juan se resiste:
“Yo soy quien debe ser bautizado por ti.”
Pero Jesús insiste.
No viene a separarse de nosotros,viene a unirse a nosotros.
Aquí está ya revelado el corazón de Dios.
Isaías lo había anunciado con palabras suaves, casi silenciosas:
“Miren a mi siervo… no gritará, no clamará, no quebrará la caña resquebrajada.”
No es un Dios que se impone desde arriba.No es un Dios que se mantiene a distancia de lo frágil.
Es un Dios que desciende,que entra en nuestras aguas turbias,que no tiene miedo de tocar lo herido.
By Padre Luis M Flores AlvaEl Evangelio de hoy nos presenta una escena desconcertante.Jesús se acerca a Juan y le pide ser bautizado.El Santo entra en el agua de los pecadores.El Inocente se coloca en la fila de quienes necesitan conversión.
Juan se resiste:
“Yo soy quien debe ser bautizado por ti.”
Pero Jesús insiste.
No viene a separarse de nosotros,viene a unirse a nosotros.
Aquí está ya revelado el corazón de Dios.
Isaías lo había anunciado con palabras suaves, casi silenciosas:
“Miren a mi siervo… no gritará, no clamará, no quebrará la caña resquebrajada.”
No es un Dios que se impone desde arriba.No es un Dios que se mantiene a distancia de lo frágil.
Es un Dios que desciende,que entra en nuestras aguas turbias,que no tiene miedo de tocar lo herido.