Almería encadena un desastre tras otro.
El Paseo sigue sin terminar, los plazos se incumplen, los parterres bloquean pasos y la fuente de Puerta Purchena genera más dudas que soluciones.
A esto se suma la fuga del Dreambeach, uno de los festivales más importantes del país, que abandona la ciudad entre excusas y mala gestión.
Y, por si fuera poco, la Navidad se ha vivido entre luces a medio instalar, decisiones improvisadas y una imagen pública que deja mucho que desear.
Este editorial analiza, sin filtros, cómo hemos llegado a esta situación y quién debe asumir responsabilidades.
Porque Almería merece algo mejor que obras eternas, fiascos institucionales y pérdidas culturales que afectan a toda la ciudad.
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