Supongo que estas palabras ya habrán pasado por la boca de alguien alguna vez. Que alguien tuvo que tener la suficiente locura o la mínima cordura de sentir bien. Que alguien desearía con tanta fuerza sentir sus propias manos atadas a la espalda, como sentir las manos ajenas que la ataron acariciándola. Que alguien debió entender, que crear la erupción de un volcán, puede ser tanto o más bonito que mirar un mar en calma. Que el fuego tambièn moja, y que el hielo tambièn quema. Que la saliva también seca, el corazón tambièn frena, y una parada en el sitio correcto, tambièn hace que te sientan. Que es saber donde tocar. Que es mirar. Que es querer entender. Que los gustos son los gustos, y cada uno los suyos tendrá. Por eso escuchar es la virtud, y querer saber es el principio del bien y del mal. Porque cuando sube mi lengua se le retuerce el cuello. Porque cuando baja mi mano se le cierran los ojos. Porque cuando agarro su cuello se le van los nervios. Porque todo es saber mirar. El caso es que el polvo siempre termina y queda lo demás. Y ahí le duele le boca de brillar, de reír, de estar. No soy perfecto, ni lo serè jamás. Pero tengo el corazón limpio y la mente, todo lo sucia que un gemido puede soportar. Esto es la vida. Sentir, y disfrutar.