Tras el estallido revolucionario, explica Nieves Concostrina, Isabel II cedió a las duras condiciones de Baldomero Espartero para nombrarlo presidente del Gobierno y lograr calmar a los sublevados, aceptando restablecer los principios constitucionales de 1837. Pese a estar sitiados en Palacio, la corte conspiró para organizar la salida al extranjero de la corrupta reina madre, María Cristina de Borbón, cuya impune huida amenazaba con echar abajo las negociaciones para pacificar el país.