Hay días en que el cine deja de ser cine y se convierte en un acontecimiento nacional, casi religioso. El 15 de diciembre de 1939, Atlanta despertó con esa electricidad en el aire. Las calles estaban engalanadas como si esperaran a un héroe que volvía de la guerra, pero lo que venía no era un ejército, sino una película. Lo que el viento se llevó abría sus puertas al mundo, y el gobernador de Georgia, rendido al fervor popular, declaró la jornada festiva.