Dos meses para las elecciones generales, tres para las europeas, locales y autonómicas. Cuatro votaciones entre el 28 de abril y el 26 de mayo, y de nuevo para miles de españoles que viven en el extranjero, fundamentalmente en Europa, empieza una pesadilla para poder votar. Tienen que acudir a lo que se llama voto rogado. Solicitar su derecho y esperar. A veces sin resultado. Porque el proceso es especialmente complicado y más de uno prefiere evitarse unos trámites farragosos. El Congreso ha vuelto a debatir el asunto. Todos los grupos parlamentarios de la Cámara han anunciado después del debate que votarán a favor de la proposición que ha presentado el PSOE para terminar con el voto rogado. Pero no se llega a tiempo. Las Cortes se disuelven en unos días, el próximo 5 de marzo, y ya no se podrá tramitar la reforma. Para casi dos millones y medio de españoles que viven fuera, los problemas seguirán ante las siguientes europeas y generales. María Almena, es española, vive en Francia y es una de las impulsoras de Marea Granate, asociación que toma su nombre del color de los pasaportes y que integra a muchos compatriotas que han tenido que salir al extranjero a trabajar o a emprender una nueva vida. Hablamos con ella sobre el voto rogado y esta nueva decepción.