Debido a nuestra naturaleza herida por el pecado, siempre ha existido en el hombre lo que se llama "el espiral de la violencia", es decir, cada acción violenta genera, a su vez, otra de mayor magnitud; es a lo que llamamos "venganza". Jesús, en este pequeño pasaje, nos da la fórmula para romper este espiral: el amor y el perdón.
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