En un mundo en el que, lo que sobra es información, a veces tenemos muchas dificultades para poder formar nuestra opinión y, con ello, nuestros criterios. Muchos de los valores se ven hoy refutados y llevados a controversia por muchas corrientes de pensamiento, y para no pocos hermanos, esto ha sido causa de una terrible desilusión en su fe.
No aceptan ya como válidos pensamientos sobre la castidad, sobre el honor, la pureza, la verdad, etc. Todo hoy se hace relativo y parcial. Por ello, si queremos mantenernos en el camino de la salvación, único que nos puede llevar a la felicidad, debemos reconocer que sólo Jesús es la Luz de este mundo. Sólo sus criterios y su palabra son la fuente de la verdad, es lo único estable.
Su Palabra es eterna como El y no admite ni desilusión ni alteración. Si Dios nos dice algo, El sabe por qué lo dice, sin importar si yo lo puedo o no entender. Ahora bien, esta Palabra debe estar correctamente discernida, pues de lo contrario caeríamos en usar la Palabra de Dios para justificarnos (como por ejemplo justificar el homosexualismo con la expresión "El mandamiento de Dios es que nos amemos").
La Iglesia, mantiene una línea de pensamiento que nos muestra en qué sentido Jesús dijo cada una de sus palabras. No dejemos que esta densa oscuridad del mundo llegue a apagar la luz de Jesús en nuestros corazones; ¡mantengámosla viva y fulgurante!
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