El evangelio de hoy trae para nuestra vida una enseñanza muy: la necesidad de Dios. Hoy muchas personas se sienten como el fariseo, que son buenos, que no hacen mal a otros, que se portan bien, que no van a lugares inconvenientes. Y esto por supuesto que está muy bien, el problema es que creen que son buenos por ellos mismos, no reconocen en su vida la presencia de Dios, no se han dado cuenta de que si han podido llevar una vida recta no es por sus méritos, sino por la obra maravillosa del Espíritu Santo que, a pesar de nuestras debilidades, opera en nosotros.
Además, están tan orgullosos de la vida que llevan que no se dan cuenta de que en realidad son también, como el publicano, pecadores, pues dice la Escritura que ‘el justo peca siete veces’. Si eso se aplica a los que son buenos, podemos imaginar lo que hacemos nosotros. Cuando el hombre se siente ya completamente salvado, es como el hombre enfermo que se siente sano, pues difícilmente sanará. Es importante reconocer, por un lado, que lo bueno que somos es obra de Dios en nosotros por lo que no tenemos nada de que enorgullecernos, antes bien debemos dar gracias; y por otro, que por más obras buenas hagamos y lo bien que nos portemos, siempre debemos reconocer nuestra naturaleza pecadora y buscar con humildad al Señor para pedirle que nos libre del pecado y que perdone las muchas faltas que día con día cometemos.
Support the show