En la solemnidad de Todos los Santos no sólo celebramos y recordamos a aquellos que han alcanzado la plenitud de vida ante el Padre, por haber vivido según el evangelio y fieles a su voluntad, sino que también confirmamos en ella, y celebramos, la vocación a la que todos hemos sido llamados y que debe animar nuestros actos, nuestros pensamientos y nuestras decisiones en lo cotidiano: la santidad.