En el Evangelio de Marcos 3:20-35, Jesús regresa a su hogar y se encuentra rodeado por una multitud tan grande que él y sus discípulos ni siquiera pueden comer. Los escribas, al ver sus obras, lo acusan de estar poseído por Belcebú, afirmando que expulsa a los demonios por el poder del príncipe de los demonios. Jesús responde con una parábola, explicando que un reino dividido contra sí mismo no puede mantenerse. Luego, su madre y sus hermanos vienen a buscarlo, preocupados por él. Jesús, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dice que su verdadera familia son aquellos que hacen la voluntad de Dios.