El silencio no es simplemente la ausencia de ruido, así como la paz no es meramente la ausencia de guerra. En nuestra vida diaria, nuestras mentes están llenas de ruido: el ego nos dicta constantemente qué hacer, decir, y pensar, y se suman los malos recuerdos, fracasos, complejos, prejuicios y temores. Para encontrar la calma, primero debemos apagar los ruidos externos (celulares, pantallas, alarmas) y luego buscar el silencio interior.