En Juan 6, 44-51, la afirmación de Jesús de que "nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre que me envió", introduce una dimensión teológica sobre la elección y el llamado divino. Esto refleja la doctrina de la predestinación, que ha sido objeto de intenso debate a lo largo de la historia de la Iglesia. Este concepto sugiere que la iniciativa de la salvación proviene de Dios, no del hombre, lo que enfatiza la soberanía de Dios y su gracia omnipotente en el proceso de salvación.