El Papa Francisco sugiere que este paradigma promueve una visión del mundo donde la tecnología no está al servicio del bien común, sino que más bien dicta las reglas del juego. En este modelo, todo lo que no contribuye a la eficiencia tecnocrática y económica se descarta como irrelevante o inútil, incluidas las consideraciones éticas y espirituales. Esto conduce a una explotación desenfrenada de los recursos naturales, a la desigualdad social y a la degradación del entorno humano y ecológico.En el contexto de la doctrina social de la Iglesia, Francisco advierte contra la visión reduccionista que limita la dignidad humana y pone en riesgo el cuidado de la "casa común", que es la Tierra. Según el Papa, el paradigma tecnocrático tiende a concentrar el poder en manos de unos pocos, dejando a muchos al margen del desarrollo y del bienestar. Este paradigma también tiene un impacto en el modo en que interpretamos el mandato bíblico de "dominar" la tierra, llevándonos hacia una dominación destructiva en lugar de una custodia responsable.