En el pasaje del Evangelio según san Lucas 5, 12-16, Jesús se encontró con un hombre marcado por la lepra, una enfermedad que no solo afectaba el cuerpo, sino que condenaba a la persona al aislamiento, al rechazo y al silencio social. Aquel hombre no pidió explicaciones ni garantías; solo expresó una confianza desnuda: “Si quieres, puedes limpiarme”.