La carta apostólica Una fidelidad que genera futuro pone el dedo en una herida silenciosa de nuestro tiempo: vivimos rodeados de comienzos, pero escasos de perseverancia. Se empieza con fuerza, se promete con convicción, se sueña con sinceridad… y, sin embargo, se abandona pronto. En ese contexto, el Papa León XIV recuerda algo esencial: la fidelidad no es rigidez ni nostalgia, es una forma madura de esperanza.
La Navidad, vista desde ahí, deja de ser un acontecimiento puntual. No celebra que Dios haya venido una vez; afirma que Dios sigue confiando en la humanidad, incluso cuando esta se cansa de confiar. El Niño que nace no exige resultados inmediatos, exige permanencia. Porque la fidelidad implica tiempo, desgaste, paciencia y una dosis alta de realismo.