25 de marzo de 2025
María se atreve a escuchar a Dios, no lo entiende, le asusta… pero no huye de esta experiencia. María le cree a Dios, aunque no comprende cómo ha de suceder su Voluntad, María confía en Dios y se entrega como su sierva: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”.
Dios hizo de su esclava, su Madre, y de su sierva, su Reina. ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre, Jesús!
Te invito a rezar un Padre nuestro y decir con tu corazón abierto a Dios: “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”.
Por tu pueblo, para tu Gloria, siempre tuyo Señor.
Mons. Héctor M. Pérez V.