Agradezcamos hoy la vida de nuestros ancestros. De todos aquellos que amando nos han conseguido la vida. Aprendamos de ellos, y atrevámonos a vivir muriendo, vivir amando, con confianza y generosidad, con la alegría de creer que al morir amando, estamos experimentando ya lo que será la vida eterna.
“Vengan, benditos de mi Padre; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron”.