El eterno debate entre razón y pasión se prolonga en el tiempo por nuestra tendencia a pensar de manera polarizada, que nos sitúa en los extremos a la de actuar y expresar las opiniones. Al olvidar lo que rezaba en el oráculo de Delfos de ne quid nimis, nada en exceso, perdemos el sentido del equilibrio en el que se fundamenta la vida, y en el que pasión y razón deben jugar una necesaria alternancia en función de cada circunstancia. Si Einstein afirmó que hay que chocar contra la razón sino no llegaremos a nada, para señalar que hay que pensar más allá de lo razonable para descubrir lo ignoto; eso no significa que debamos convirtamos en enemigos de la razón, en unos misólogos como definió Platón, a las personas que sienten rechazo u odio hacia los argumentos y la reflexión. Evangelizadores misológicos que surgen como setas en épocas convulsas como las actuales, sustituyendo la razón por la superchería como hacían los curas del medioevo para esparcir la duda y el miedo. Protégete de ellos con la razón y el sentido común.