Vemos en la historia como los primeros cristianos, luego de la llegada del Espíritu Santo los movió a una unidad en la fe, donde no había nadie mayor, sino que todos compartían y cubrían sus necesidades, viviendo en armonía sin egoísmo.
Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.