A veces, uno se queda el tiempo suficiente en los bordes del mundo como para ver cosas que no deberían cruzarse.
Vimos a un niño en el desierto entender que la soledad es el precio de haber domesticado algo, aceptando que volver a casa exige una entrega definitiva. Y, casi al mismo tiempo, vimos a otro, pasando la segunda estrella a la derecha, y todo recto hasta el amanecer, prefiriendo la aventura eterna al peso de ser recordado.
En este episodio de Ex Machina, nos alejamos de las teorías para contarte lo que vimos: el contraste entre el niño que acepta su destino por una rosa y el que prefiere el olvido para no tener que crecer jamás.
Una crónica sobre el peso de las decisiones y ese momento en el que la infancia deja de ser un juego para convertirse en una elección.