Jueces y fiscales honestos, una policía al servicio de la comunidad, juicios imparciales, leyes que protejan a los ciudadanos.
Parece un sueño, ¿no?
Aunque ningún sistema de justicia es perfecto, en Nicaragua la corrupción y partidización de todo el proceso de justicia penal parece imposible de cambiar.
Sin embargo, la experiencia de otros países da esperanza ante un futuro y anhelado cambio democrático.