A lo largo de la historia de la humanidad se han entrelazado la genialidad y la locura como si ello fuese inseparable o condición per se de su existencia. Casos como los de Fijman, Rosseau, Joyce, Hörderlin, por mencionar unos cuantos, permiten preguntarnos si hubiesen escrito lo mismo sin su «condición de enfermo». Por otra parte, en el caso de Dalí, un estado de cosas distinto se dibuja. En su tiempo, circulaban todo tipo de rumores sobre su estado mental, aunque los más cercanos a él hablaban de «una locura controlada», una locura concienzudamente interpretada, escandalizando a los otros a partir del cortocircuito referencial, aunado a una voz mesurada y seria (en ocasiones todo lo contrario), como quién está tratando asuntos de suma importancia que no se prestan a bromas.
Es así como, desde dos perspectivas un tanto antagónicas, abordaremos el tema de la pintura y la locura en las cartas.