El salmo 103 es mi paradigma para una teología de Abbá (papá en arameo), padre redentor-rescatador-sanador. Y a través de este salmo se podría hacer una mirada general de las Sagradas Escrituras. Su punto central es la compasión extrema y desbordante del Dios Abbá. ¿Por qué el Salmo 103? Porque en él se revelan varios verbos que se entraman en un corpus teológico en el cual podría hallarse una síntesis de la teología de Jesús de Nazaret: Perdón, sanación, rescate, coronación, bendición, renovación y conocimiento de nuestra fragilidad. Al mismo tiempo, el Salmo 103 muestra a un Dios bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia que no nos trata según nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas.
Dios sabe cómo es el hombre. Dostoyevski, haciéndose eco de esta teología del Dios compasivo, dijo: «En el juicio final, Cristo nos dirá:" ¡Venga, usted también! ¡Vengan, borrachines! ¡Vengan, débiles! ¡Vengan, hijos de la vergüenza! ". Y nos dirá: "Seres viles, que se asemejan a la bestia y llevan su marca, ¡vengan ustedes también, de todos modos!". Y el sabio y prudente dirá: "Señor, ¿por qué les das la bienvenida a ellos también?". Y entonces el Señor dirá: "Si les doy la bienvenida, sabios hombres, si les doy la bienvenida, prudentes hombres, es porque ni uno de ellos jamás fue considerado merecedor de nada". Y extenderá sus brazos, y caeremos a sus pies, y lloraremos amargamente, y entonces comprenderemos todo, ¡comprenderemos el evangelio de la gracia! ¡Señor, venga a nosotros tu reino!»