Durante mucho tiempo se pensó que la discapacidad quitaba a las personas toda forma de ejercer su sexualidad, de esta manera, se consideraba que las personas ciegas, sordas o con algún tipo de discapacidad motora o mental eran personas asexuadas.
Hoy en día sabemos que muy al contrario, las personas con discapacidad pueden ejercer su sexualidad de diversas maneras y con distintas prácticas, ya que su discapacidad no limita en nada la sexualidad ni la forma en la que la ejercen.
Para las personas que además de vivir con algún tipo de discapacidad tienen alguna orientación distinta a la heterosexual, el camino es todavía más complicado, ya que estas personas viven una doble discriminación, por su discapacidad y por su orientación sexual.