Cuando tenemos que caminar sobre un puente que se tambalea y abajo tenemos un abismo, es mejor fijar los ojos en algo inmóvil que este al final, del otro lado. Mirar hacia atrás o hacia abajo implica un riesgo mortal para nuestra vida espiritual. El miedo se apodera de nosotros, perdemos el equilibrio y nos caemos.
Ante los abismos y peligros de la vida, Dios nos dice que miremos fijamente a Jesús y prosigamos. Él, que intercede por nosotros, nos llenará de valor y esperanza y hará que triunfe nuestra fe.