El amor de madre puede aceptarnos como somos, pero el amor de Dios en Jesús nos cambia a lo que Él quiere que seamos. -el amor de madre puede soportar nuestros errores, pero el amor de Dios perdona el pecado y transforma al pecador. El amor de una madre nos acepta como somos, pero el amor de Dios nos transforma y moldea en personas redimidas, restauradas y perdonadas por la sangre de Cristo.