Cuando alguien, intoxicado por la política, o simplemente con toda la buena intención, les felicite esta semana las fiestas, recuérdenle, con toda la educación del mundo, que no son las fiestas de mi pueblo, ni siquiera las vacaciones de invierno, que estas fechas tienen un significado muy concreto: el del nacimiento de aquel que lo cambió todo, Jesús, cuyo sacrificio, enseñanzas, legado espiritual y significado social forjó la cultura y la civilización que ha cristalizado en las libertades y los derechos humanos que ahora disfrutamos. Celebramos su nacimiento, celebramos la Natividad. Y después de recordarlo, contesten a esa persona, desde el corazón, sin complejos y con respeto: Feliz Navidad para tí también.