La Unicef se refiere al adultocentrismo como una desigualdad social: tener más edad, en nuestra sociedad, equivale a tener mayor jerarquía. La consecuencia de esto es clara: niños, niñas y adolescentes tienen menor poder y menos posibilidades. El adulto es visto como el modelo de persona, el ideal superior, mientras que la adolescencia es minimizada como una etapa de crisis y de transformación.
Por suerte, este concepto está empezando a cambiar, ya que se reconoce desde la antropología que el concepto de adolescencia es una construcción social y esa idea de crisis es solo un concepto occidental. Pero está muy instalado en nuestro contexto, por lo cual tiene implicancias en nuestra vida diaria.