Jesús a través de sus últimas tres parabolas les enseña a sus discípulos que el Reino de Dios tiene un alto precio y solo aquellos que estén dispuesto a pagarlo podrán recibir sus beneficios. Los que no lo estén, tendrán que sufrir la justicia poética de Dios, su eterna condenación.
A la luz de esta enseñanza, Jesús quiere que nosotros entendamos que no es la profesión de fe lo que nos salva sino la posesión de esa fe.