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En el episodio titulado "JUEZ", el pastor Fabio Gil se basa en Isaías 33:22 para continuar respondiendo la pregunta: "¿Quién me acusará y quién me condenará?". Nos recuerda que gracias a la obra de Cristo no solo tenemos un abogado que nos defiende, sino que el Juez también está de nuestro lado. El pasaje nos muestra que Dios tiene toda la autoridad, ejerciendo los tres poderes que también vemos en los sistemas de gobierno modernos: el Señor es juez (poder judicial), legislador (poder legislativo), y Rey (poder ejecutivo). Esto subraya que solo Dios tiene el poder de juzgarnos, y Él es quien nos ha justificado en Cristo.
En el episodio titulado "DEFENSA", el pastor Fabio Gil se basa en 1 Juan 2:1 para continuar respondiendo la pregunta: "¿Quién me acusará y quién me condenará?". Nos recuerda que, aunque podemos ser acusados tanto de cosas que no hemos hecho como de pecados que hemos cometido. Tenemos derecho a una justa defensa. Cristo Jesús es nuestro abogado, quien intercede por nosotros y nos defiende ante cualquier acusación, asegurándonos que Su sacrificio cubre toda culpa y condenación.
En el episodio titulado "NO hay CONDENACIÓN", el pastor Fabio Gil se basa en Romanos 8:1 para continuar respondiendo la pregunta: "¿Quién me acusará y quién me condenará?". El mensaje destaca que quienes están en Cristo ya no viven para satisfacer los deseos de la carne, sino para caminar conforme al Espíritu. La respuesta definitiva es que no hay condenación para aquellos que están en Cristo Jesús, ya que Su sacrificio y redención nos liberan de toda acusación y culpa, asegurándonos una vida en libertad y comunión con Dios.
En el episodio titulado "CONFIANZA," se basa en Salmo 34:10. Continúa con la segunda pregunta de Romanos 8:32: "Si Dios entregó a Cristo, ¿cómo no nos dará también todas las cosas?" Aquí se resalta que no se trata de nuestras capacidades, sino de confiar en Dios. Si confiamos solo en nuestras propias fuerzas, tarde o temprano algo nos faltará.
En el episodio titulado "SUSTENTO," el pastor Gil se basa en Filipenses 4:19. Continúa con la segunda pregunta de Romanos 8:32: "Si Dios entregó a Cristo, ¿cómo no nos dará también todas las cosas?" Señala que Dios no suple caprichos, sino que en Cristo Él suple todas nuestras necesidades. No estamos solos ni es nuestro propio esfuerzo el que nos provee; es Dios quien utiliza nuestros medios para satisfacer nuestras verdaderas necesidades. Dios es nuestro verdadero sustento.
En el episodio titulado "PASTOR" el pastor Fabio Gil se basa en Salmo 23:1. Continúa con la segunda pregunta de Romanos 8:32: "Si Dios entregó a Cristo, ¿cómo no nos dará también todas las cosas?" Enfatiza que no solo se nos dio al Hijo, el Mesías, sino también un Pastor, el Príncipe de los pastores. Nadie cuida mejor que Él, nadie protege mejor que Él. Cristo, como nuestro Pastor, nos provee, guía y protege con amor incomparable.
En el episodio titulado "VALOR" el pastor Fabio Gil se basa en Mateo 6:26. Continúa explorando la segunda pregunta de Romanos 8:32: "Si Dios entregó a Cristo, ¿cómo no nos dará también todas las cosas?" Fabio resalta que muchas personas se preocupan por la provisión, no porque realmente falte, sino porque no entienden su verdadero valor en Cristo. Dios ya ha demostrado cuánto valor tenemos al entregar a Su Hijo por nosotros, por lo que podemos confiar en que también nos proveerá todo lo necesario.
En el episodio titulado "TODAS las COSAS" el pastor Fabio Gil se basa en Romanos 8:32. Reflexiona sobre la segunda pregunta de este pasaje: "Si Dios entregó a Cristo, ¿cómo no nos dará también todas las cosas?" Dios ya nos dio lo más valioso, a Su propio Hijo, por lo tanto, no existe ninguna necesidad más grande que esa. Si Él entregó lo más grande, podemos confiar plenamente en que suplirá todas nuestras necesidades.
En el episodio titulado "RECONCILIACIÓN" el pastor Fabio Gil se basa en 2 Corintios 5:18. Explica que la respuesta a la pregunta "¿Si Dios es por mí, quién contra mí?" no solo nos da seguridad, sino también un llamado y un propósito claro. Todos aquellos que hemos sido hechos nuevos en Cristo tenemos un mismo llamado: el privilegio de reconciliar a otros con Dios, porque primero fuimos reconciliados por Él.
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