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Or


Mientras me dirigía al vecino país por el cruce fronterizo ubicado a 4726 metros sobre el nivel del mar, mi corazón se hundía al saber que se dirigía a la iglesia para dar el sí.
Una mirada fija, una sonrisa sorpresa, un gesto amable, una reacción a tu última publicación y listo… luz verde a esta historia de las mil y una ilusiones.
Y cuando medía con la exactitud de sus cálculos matemáticos cuántos litros bajaba la marca del bidón de agua cada vez que yo iba a su casa, lo entendí todo.
Y me di cuenta de que todas mis relaciones fueron pitagóricas, es decir, eran expresiones trigonométricas.
Esta podría ser la historia de amor más bonita del mundo, de esos amores de los que quedan ya muy pocos. Pero, su timidez y mi orgullo no permitieron que nuestro amor llegue a ser parte de esos pocos. Más bien, hicieron que poco a poco vaya desapareciendo.
Y cuando retomó las fuerzas, se echó a volar, con inmensa alegría hizo oír su canto. Y al fin voló, cantó y fue feliz…
El amor fue escribiendo diversas historias a lo largo de la humanidad. Se narró sobre el amor prohibido de Romeo y Julieta, el de la rosa y el Principito, el de la luna y el sol, entre tantos otros. Pero, ¿alguna vez escucharon la historia del aro y la tuerquita?
Hoy no es un día cualquiera, es una de esas fechas para marcar en el calendario con una leyenda que diga “prohibido olvidar”. Hay verdades que uno sabe pero que prefiere evadirlas, mirar al costado y seguir con la rutina, hasta que nos dan una cachetada. Como dice el refrán la “vida te enseña a golpes”. Por suerte, hay distintos tipos de golpes y como dijo mi primer amor “un tropezón no es caída”. Y de eso trata esta historia, de golpes y caídas, de amores y desamores, de nudos y desnudos.
Tanto se dijo sobre el amor, cómo saber cuál es la canción que mejor lo describe, la que lo define con mayor precisión, la que expresa lo que cada amante siente. ¿Podría existir acaso una canción de amor universal? Que se aplicara a todos los casos, a todas las historias, a aquellas que no tienen finales pero también a las que no tienen principios, a las que no llegaron a escribirse.
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