El infierno tiene nombre y navegaba por el Caribe: François L’Olonnais. Este pirata sanguinario no solo saqueaba barcos y masacraba a sus enemigos, sino que los torturaba con un sadismo inimaginable. Su leyenda oscura se forjó a sangre y fuego, pero lo que lo convirtió en un verdadero monstruo fue su aterradora costumbre: abría el pecho de sus víctimas y devoraba sus corazones mientras aún latían. Conocido como "el azote de los mares", L’Olonnais aterrorizó a los españoles en el siglo XVII, dejando un rastro de cuerpos mutilados y aldeas en llamas. Decapitaba, desmembraba y destripaba sin piedad, asegurándose de que nadie olvidara su nombre. Sus actos de canibalismo no solo sembraban el pánico, sino que también eran una demostración de poder absoluto. Pero el destino le tenía preparada una muerte igual de espantosa. ¿Cómo terminó el pirata más cruel del Caribe? Descuartizado y devorado vivo por caníbales en una isla perdida en el Amazonas. Su terrorífico final parece una macabra justicia poética: aquel que se alimentó de sus enemigos terminó siendo el festín de una tribu que lo desmembró sin piedad.