El poder ya no se esconde: Daniel Ortega sentenció que en Nicaragua no volverá a haber elecciones, mientras una nueva derecha radical se prepara para gobernar en Colombia y Perú.
Y en Argentina, el experimento tecnosupremacista de Milei empieza a canibalizarse a sí mismo. ¿Hacia dónde va la región?
En este episodio del Frente Comunicacional Antifascista, Ana Clara y Ernesto analizan los hechos que marcaron la primera semana de agosto de 2026 y que dibujan un panorama inquietante para las democracias latinoamericanas.
Abrimos con Nicaragua, donde Ortega y Rosario Murillo consolidan su autocracia sin matices: anunció que no habrá más elecciones y, horas después, el oficialismo presentó una reforma constitucional para extender el mandato a siete años y habilitar la inhabilitación política de por vida contra opositores. Mientras tanto, en Colombia, el presidente electo Abelardo De la Espriella confirmó el cierre de catorce embajadas, la ruptura de relaciones con Cuba y Nicaragua, y el traslado de su sede diplomática a Jerusalén. Un giro que La Habana calificó como un acto de subordinación a Estados Unidos.
La semana también dejó la asunción de Keiko Fujimori en Perú, entre protestas de víctimas de la represión y el anuncio de que los militares tomarán el control interno en zonas de alta criminalidad. En México, Claudia Sheinbaum respondió con firmeza a las declaraciones del subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, quien afirmó que los cárteles controlan el territorio mexicano. La injerencia estadounidense se profundiza, y lo vimos también en la exigencia del Pentágono para que los países de la región eleven su gasto militar al dos por ciento de su PIB.
En Argentina, el proyecto de Javier Milei entró en una nueva fase: la llegada del multimillonario Peter Thiel a Buenos Aires y el anuncio del Gemelo Digital Social confirman que el gobierno avanza hacia una vigilancia social privatizada, mientras el propio oficialismo se despedaza en purgas internas. Y en Venezuela, un inesperado diálogo entre el gobierno y un sector de la oposición quedó en marcha con el visto bueno de Washington, dejando fuera a María Corina Machado y a Juan Guaidó, las fichas del intervencionismo clásico.
En contraste, el presidente colombiano Gustavo Petro eligió La Habana para su último viaje internacional, denunciando el riesgo de una invasión a Cuba y llamando a la solidaridad entre los pueblos. También hubo espacio para la diplomacia multilateral en la cumbre de la ASEAN, donde los cancilleres de Estados Unidos, Rusia y China compartieron mesa.
Una semana que confirma la tesis de que el autoritarismo avanza en varias direcciones, pero también que la resistencia soberana sigue abriendo grietas. Escuchá el episodio completo para entender las claves de este momento histórico y las lecciones que nos deja la disputa entre el nihilismo de las élites y la organización popular.