La primera vez que Balvina vio un salmón fue en un supermercado de Estados Unidos. La maravilló la tonalidad de la carne como la del melón que siembran en los campos al pie de la Sierra de las Minas, en su natal Teculután. Emocionada compró una libra y los mismos que le despacharon le dijeron cómo cocinarlo. Por primera vez iba a utilizar un horno de una estufa, a miles de kilómetros se quedó el horno de leña de su mamá. Al contrario de muchos migrantes conocidos suyos que se negaban a probar comidas de otros países Balvina probaba de todo…
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