Katara Patton
Marcos 2:1-5
… descubrieron el techo de donde estaba [Jesús], y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico (v. 4).
Durante una conferencia, una mujer notó que su amiga —la presentadora del día— no se veía bien. Se acercó a ella, y esta respondió: «Voy a terminar esta presentación. Si no me siento mejor, iré al médico». La mujer no se olvidó de la promesa. Aunque tuvo que irse antes, le pidió a otra amiga que viera cómo seguía.
Por la mañana, alguien llamó a la puerta del hotel de la presentadora. La segunda amiga había ido para llevarla al hospital. No había otra salida, y felizmente le proporcionaron a tiempo tratamientos que le salvaron la vida. Sin duda, la perseverancia de sus amigas ayudó a que no muriera.
Los amigos perseverantes son una bendición, como lo fueron los hombres en Marcos 2. Al parecer, habían oído sobre el poder sanador de Jesús y que Él había llegado a su pueblo (v. 1). La multitud lo rodeaba, y «ya no cabían» en la casa como para llevar a su amigo paralítico hasta Él (v. 2). Sin embargo, no permitieron que eso impidiera que su amigo recibiera la ayuda que necesitaba: «haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico» (v. 4), para que Cristo lo sanara (vv. 11-12).
Llevemos las necesidades de los demás a Jesús mediante la oración perseverante. Y mientras Él provee lo que necesitamos, esforcémonos por amarlos y ayudarlos.
¿Cómo te ha ayudado la fe y la perseverancia de tus amigos? ¿Qué puedes hacer para ayudar a alguien hoy?
Dios, hazme un amigo fiel y perseverante.
Números 20-22
Marcos 7:1-13
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