El debate sobre la inmunidad parlamentaria exige ir más allá de la coyuntura. No se trata de blindajes personales sino de preguntarnos si queremos un Congreso expuesto a presiones arbitrarias o dotado de garantías que resguarden su independencia.
El debate sobre la inmunidad parlamentaria exige ir más allá de la coyuntura. No se trata de blindajes personales sino de preguntarnos si queremos un Congreso expuesto a presiones arbitrarias o dotado de garantías que resguarden su independencia.