Exploran el entierro de Abraham como una tregua entre Isaac e Ismael, y luego la larga espera por el nacimiento de Jacob y Esaú, cuando la promesa de Dios avanza en medio de la esterilidad y la oración persistente.
También analizan el favoritismo familiar, la lucha por la primogenitura y el peligro de despreciar lo eterno por un impulso momentáneo.