El GP de Arabia Saudita en Jeddah mostró, una vez más, el dominio de Red Bull con Max Verstappen y Checo Pérez asegurando un 1-2, lo cual no solo resalta su superioridad técnica y estratégica, sino que también plantea preguntas sobre el futuro de la F1. Este tipo de dominio puede tener un impacto doble en el deporte: por un lado, refuerza la imagen de Red Bull como equipo de élite, pero por otro, puede restar emoción a la competencia si se percibe que el resultado es predecible.