Hay gestos que paran el tiempo,
sensaciones que empiezan el juego,
perversiones que sacian los miedos,
penitencias pagadas por vicio,
que comienzan tu mano en su cuello.
Ese puto momento en que tus dedos buscan su boca, y tu boca todo su cuerpo. Que ya no sabes por donde empezar, donde seguir, donde acabar, y tan solo aprietas como diciendo... ¡carajo, como me estás poniendo! Esa guerra que sabes como va a acabar, esa en la que no hay bandera blanca, no hay treguas, y no se bajan las armas. Tus manos buscando saliva en boca ajena, para mojar cuerpo ajeno en caricias que bajan, los segundos más largos, mientras juegas a un "llego y no llego", que va desde el cuello a su boca, y vuelve de nuevo a su cuello, que busca un triángulo que forman tres puntos perfectos, de su pecho a su ombligo, de su ombligo a perdernos, ya veré donde empiezan tus muslos, ya veré donde acaba mi juego. Pero el día amanece mojado, y las noches terminan lloviendo. La humedad de su cuerpo en mis manos, la humedad de mis manos en sus besos.
Porque hay gestos que paran el tiempo,
son cosas de animales
no de cuerdos
cosas de almas mortales
que dan sin pedir
porque el mayor placer que reciben
es ver el placer que dieron.