Los relatos de la tradición oral, los mitos clásicos, las historias pertenecientes al folclore popular, los cuentos, las novelas, el cine o las series de televisión cuentan con, al menos, un elemento en común: la figura de un villano que, según el caso, desate la acción, dé un propósito al héroe o sirva para transmitir la oportuna moraleja.
Se da la circunstancia de que el villano acaba por acaparar mucho más interés del previsto; llega incluso a eclipsar al propio héroe.
Ahondamos en las razones de su innegable atractivo.
Edurne Baz analiza la atracción que despierta esta figura.