Jesús, en medio de cuestionamientos, continua ahora con los fariseos e intérpretes de la ley, que afirmaban estar en luz, cuando en realidad estaban en tinieblas. Con gracia y firmeza, el Señor les revela su verdadera condición, y lamentándose profundamente de su perversión, les advierte que si continúan resistiendo su luz para exponer su corazón y venir a Él como el Rey prometido, su fin será un juicio terrible.