Corría el año 1945, era 25 de enero y el mes presagiaba el nacimiento de un niño que perpetuaría su nombre en la historia de Cuba. Manuel Ascunce Domenech fue el mejor regalo para sus padres Evelia y Manuel.
La ciudad de Sagua la Grande, antigua provincia de Las Villas, vio nacer a quien más tarde se convertirían en un ejemplo de valentía y patriotismo. Aunque los dos años de edad la familia se trasladaría a La Barriada de Luyano, en la Habana, pero él siempre añoraba las vacaciones para regresar a su ciudad natal, a jugar pelota, a las bolas, a cazar tomeguines a orillas del río o tirarse en yagua de los acantilados.
Sus padres le inculcaron la disciplina, honradez, responsabilidad, el carácter jovial, con el cual ganaba la confianza y el aprecio de sus compañeros de enseñanza primaria y secundaria.
Con solo 16 años se incorporó a la defensa de la Patria. Ante el ataque mercenario de Playa Girón se hace presente en las guardias para la protección de su escuela secundaria básica si las circunstancias lo requerían.